Mengele se casó y vivió en Nueva Helvecia
por Carlos Peláez y Gabriel Monteagudo
Publicado en LA REPUBLICA 02/10/2000
Estaba acusado de asesinar a miles de personas en el campo de concentración de Auschwitz, dónde investigó técnicas de clonación
Joseph Mengele, el nazi más buscado de toda la historia, vivió en Uruguay y se casó en Nueva Helvecia
Joseph Mengele, uno de los criminales nazis más buscados en el mundo entero y que falleciera en Brasil en una fecha imprecisa de 1979, estuvo residiendo en Uruguay. El médico jefe del campo de concentración de Auschwitz, acusado de asesinar a decenas de miles de personas mediante horribles experimentos con los que investigó la clonación, se casó en Nueva Helvecia, departamento de Colonia, una tarde de Julio de 1958.
Una investigación realizada por LA REPUBLICA permite aseverar sin ningún margen de dudas que Joseph Mengele, uno de los jefes nazis más buscados en la posguerra, quién fuera calificado como el “ángel de la muerte” por sus tenebrosos experimentos realizados con prisioneros del campo de concentración de Auschwitz, vivió en Uruguay y contrajo matrimonio por segunda vez en la ciudad de Nueva Helvecia, departamento de Colonia.
Así lo demuestran los documentos en poder de éste matutino, además de los testimonios aportados por el ex Jefe de Policía de Colonia Raúl Egaña Miguel; por el ex Director Nacional de Policía, Inspector (r )Roberto Rivero; por ex funcionarios judiciales y un importante número de residentes en esa localidad coloniense. Vale consignar el papel que tuvo en esta historia el ex Intendente de Colonia, Raúl Bianchi, quién en 1985 después de recibir información del entonces Jefe de Policía, Raúl Egaña, acerca de la existencia de esos documentos en el Registro público, rescató una copia a los efectos de preservarlos para la historia.
A 42 años de los hechos, LA REPUBLICA da a conocer por primera vez los documentos que demuestran la presencia de Mengele en nuestro país. La verdad histórica se logra, justo, cuando surgen preocupantes rebrotes nazis en todo el mundo y particularmente en Uruguay.
Si bien varias fuentes reconocen “haber oído en alguna oportunidad” la noticia del casamiento del ex integrante de las SS alemana, nunca hasta hoy los documentos probatorios habían sido publicados, entre otras razones, porque el expediente “desapareció” misteriosamente de los archivos oficiales y sólo pudo ser recompuesto gracias a que las fuentes mencionadas, como Egaña, guardaron una copia o, como Rivero, reconocieron haberlo “tenido en sus manos en 1985”.
Esos documentos permiten deducir la existencia de una extendida trama de complicidades que involucra no sólo a funcionarios del gobierno alemán de la época sino también a fanáticos nazis uruguayos o alemanes residentes, a funcionarios de gobierno uruguayo y tal vez, al propio gobierno colegiado de la época, encabezado por la lista 15 del Partido Colorado.
Tanto funcionarios diplomáticos, como la propia Cancillería uruguaya a cargo entonces del Ministro Oscar Secco Ellauri supieron de la presencia del líder nazi en nuestro país y la ocultaron cuando el gobierno alemán lo reclamó para juzgarlo. Recién en 1985 a través de una solicitud del Ministerio del Interior, los documentos que hoy publicamos, se oficializaron. Aunque no logramos corroborarlo con ningún funcionario actual, todo hace presumir que aparecieron cuando se determinó con precisión que Mengele había muerto.
Esta investigación comenzó hace algunas semanas atrás, cuando LA REPUBLICA seguía la “pista nazi” en Uruguay. En medio, ubicamos documentación que revelaba el casamiento de Joseph Mengele en nuestro país. A partir de allí los testimonios comenzaron a fluir y se aventó, entonces, cualquier sospecha de que alguien hubiera empleado esa identidad para confundir a quienes perseguían al médico de la muerte en América Latina. A partir de ahora sólo existe una certeza: Mengele vivió en Uruguay.
Se casó con su cuñada en Nueva Helvecia
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Según consta en el folio 32 del expediente 63 de la Oficina del Registro Civil de Nueva Helvecia, el 25 de Julio de 1958 a las 17 horas, se presentó ante Pedro Izacelaya, un ex sacerdote entonces a cargo de esa oficina, quién dijo ser “José Mengele, nacido el 16 de Marzo de 1911 en la ciudad de Günzburg (Alemania), de profesión comerciante, domiciliado en ésta ciudad”. El documento dice que el contrayente es hijo de “Karl Mengele, alemán, viudo, comerciante, domiciliado en Günzborg y de Walburga Hupfaner, alemana, fallecida”. La novia era Marta María Will, alemana, nacida el 13 de Abril de 1920 en Münich, de profesión labores “domiciliada en Nueva Helvecia”. Ella era hija de Friedrich Will, comerciante y de Sabina Bárbara Ferstl, ama de casa, ambos residentes en Munich. Los testigos de la boda fueron Juan Carlos Germán, abogado, 24 años de edad y su esposa, Lidia Florio de Germán, 21 años, ama de casa, ambos residentes en Montevideo. Marta Will era ex cuñada de quién luego se convirtió en su marido. Estaba casada con Karl Thadeus Mengele, hermano del médico, quién murió en Gúnzburg el 26 de diciembre de 1949. El proceso que permitiría a Joseph Mengele contraer enlace con la viuda de su hermano comienza en la ciudad alemana de Dusseldorf el 25 de marzo de 1954 mientras “el ángel de la muerte” vivía en Buenos Aires, Sarmiento 1875 del barrio de Olivos. En esa fecha, su primera esposa Irene Schömbein de Mengele, con quién se había casado el 28 de julio de 1939, se presenta en una audiencia no pública de la Tercer Cámara Civil del Tribunal Regional, acompañada por un abogado de apellido Huberti, mientras que en representación de Mengele concurre el abogado Wellmann. Con 36 años de edad, Irene reconoce que no veía a su esposo desde hacía diez años “cuando desapareció en noviembre de 1944. Desde ese tiempo no tengo más relaciones con él….no creo que la comunidad matrimonial entre el demandado y yo pueda ser reanudada” afirmaba su primera mujer en el acta de divorcio que es solicitada por el abogado de Mengele el 7 de octubre de 1957, legalizada luego por el gobierno uruguayo a través de la Cónsul de Uruguay en Munich, Gertrudis H. de Fariña. Por esa fecha la funcionaria diplomática tenía necesariamente, que conocer la historia de Mengele, ya pública sobre todo en Munich. A pesar de que el primer requerimiento internacional recién se realizó el 5 de Julio de 1959 por parte de la Oficina de Asuntos Extranjeros de Bonn. Por la misma vía diplomática y con la firma de la Cónsul Fariña, Mengele obtuvo el certificado de defunción de su hermano, Carlos Tadeo, fallecido el 26 de diciembre de 1949 a las 15 horas en Günzburg. Karl, tal su verdadero nombre en alemán, se casó con Marta María Will, con la que nueve años más tarde se casaría “el ángel de la muerte” en el Registro Civil de Nueva Helvecia. La información obtenida por LA REPUBLICA demuestra que ya en 1957 Mengele vivía con su ex cuñada, la que consiguió la partida de defunción de su ex esposo luego de un trámite urgente iniciado en Günzburg el 5 de agosto de 1957, certificado en Munich un mes después, por la funcionaria consular uruguaya en esa ciudad. La rapidez en la obtención de la documentación necesaria para su casamiento habla a las claras de una eficiente red de comunicación entre nazis de alto rango que huían de Alemania. Esa red, con notable eficiencia varios años después de terminada la guerra, fue la que protegió a Mengele en su periplo por Latinoamérica y la que lo llevó a vivir en Nueva Helvecia donde, obviamente, se sentía seguro.
Nüremberg no lo juzgó
Al finalizar la segunda guerra, Mengele volvió a la ciudad natal, donde su familia y amigos, desconocedores de su “carrera” en los campos de concentración, lo recibieron como a un soldado que cumplió con su deber. Pero Simón Wisenthal asegura que “muchos sabían lo que había hecho, aunque nadie preguntó nada”. Günzburg estaba en la zona que el ejército de los EE.UU. ocupaba en Alemania, pero no había cargos contra él porque nadie conocía su pasado. Por su parte, el investigador argentino Enrique Solís relata que “ Mengele dejó su uniforme de oficial de la SS, vistió el de oficial de la Wehrmatch (ejército alemán) y se dirigió a una unidad hospital que iba hacia el sur. Cuando finalmente, en mayo de 1945 Alemania capituló, Mengele terminó en dos campos de prisioneros de los aliados, casi ignorado por sus captores. Ello se debió a que él había pasado por alto muchos de los trámites que eran hechos habitualmente por el personal de las SS. Esos trámites, capturados por los oficiales aliados de Estados Unidos, eran utilizados para determinar qué sujeto era automáticamente arrestado. No hay documento que explique por qué Mengele carecía del tatuaje obligatorio de oficial de las SS, que se hacía en la parte interior del brazo izquierdo, dos pulgadas por debajo de la axila. Antiguos médicos de las SS, confirmaron que no estaba tatuado. Otro de los elementos que jugó a favor de Mengele fue la urgencia con que los aliados liberaron a millones de prisioneros de guerra alemanes. Se retiró calladamente entre la multitud, usando un nombre falso, y con la ayuda de su familia trabajó en una granja de la zona de Rosenheimm, cercana a su ciudad natal de Günzburg. Entre 1945 y 1949, fue visitado varias veces por su esposa Irenna. Ella no estaba feliz con la situación, aún cuando en 1942 dio a luz un hijo de Mengele, llamado Rolf, producto de una de sus visitas a Auschwitz”. Muchos sobrevivientes se indignan con esa comprobación, pero los investigadores adjudican responsabilidad a la confusión existente entre las autoridades civiles y militares en la Alemania de posguerra. Esa situación permitió que Mengele no fuera juzgado en 1946 por el Tribunal de Nüremberg, que acusó a decenas de jerarcas nazis por espantosos crímenes de guerra. Recién en 1950 su nombre empezó a sonar en Günzburg ya que muchos de sus subordinados, incluido su chofer, comenzaron a hablar de lo que había hecho en Auschwitz. Con la ayuda de Odessa – Organisation der SS-Angehörigen u Organización secreta de miembros de la SS - Mengele escapó a Italia primero, para luego seguir a España y desde allí a América Latina. En 1954, estaba en Argentina, trabajando como médico con el nombre falso de Helmuth Gregor-Gregori . Recién el 5 de Julio de 1959, el entonces Departamento de Asuntos Extranjeros de Bonn publicó una orden de arresto contra Mengele y se reclamó a la Argentina su extradición. Sin embargo, convencido de su impunidad, viajó para enterrar a su padre en Günzburg. Cuando la noticia trascendió, un fiscal alemán dijo que los habitantes de esa ciudad “habían actuado como un grupo de conspiradores para ayudar a la familia Mengele”. El 30 de diciembre de ese año fue ubicado por el abogado Hermann Langbein, secretario general del Comité Internacional de Auschwitz, quién notificó a la embajada alemana en Buenos Aires que “el requerido vivía en Vértiz 968, Olivos, con su verdadero nombre”. Vale consignar que luego de la guerra, la empresa Karl Mengele e hijos adquirió en Buenos Aires el 50 por ciento de Frado Agrícola KG S.A, industria dedicada a la fabricación de tractores. A principios de 1960 llegó el segundo requerimiento pero las autoridades argentinas sostuvieron que “los motivos eran políticos y no criminales”. Por esa época, ya hacia varios meses que se había refugiado en Paraguay, donde tenía amistades muy cercanas al dictador Alfredo Stroessner. Con ese apoyo logró nacionalizarse, para volver a la Argentina, concretamente a Bariloche, poco antes de que agentes israelíes del Mossad raptaran a Adolf Eichmann, otro criminal de guerra nazi, luego juzgado y colgado en Israel. Como no se sentía seguro, decidió que “Egipto le ofrecería mayor protección” y hacia allá partió en 1961. Pero la presión internacional surtió efectos y Nasser le sugirió que abandonara el país. Un alemán llevó a Mengele y a su mujer Marta, a una isla vecina de Creta, Grecia. En 1962 regresó a Paraguay, pero su mujer se quedó en Kloten, cerca de Zurich en Suiza; allí la ubicó Wisenthal, aunque vivía sola. En tanto, ante un nuevo requerimiento de la Justicia alemana, el gobierno de Stroessner contestó que “Mengele tenía ciudadanía paraguaya y no registraba antecedentes criminales”. En el 64, un comando denominado “Comité de los Doce” – todos sobrevivientes de Auschwitz - estuvo a punto de secuestrarlo mientras pernoctaba en la habitación 26 del Hotel Tirol, cerca de Hohenau, colonia alemana asentada al Este de Paraguay, pero una vez más logró fugar.
Murió en una playa de Brasil
El investigador Solís relata que “en 1979 fue invitado a pasar un día de playa, a unos 80 kilómetros de San Paulo. Mengele se introdujo en el mar, hasta que el agua alcanzó sus rodillas. En ese momento desapareció. Sufrió un ataque cardíaco, cayó al agua y se ahogó. Fue llevado a la playa y a pesar de los esfuerzos, no pudieron salvarlo”. Geza Bossert hizo los arreglos para que Mengele fuera enterrado en el cementerio de Ambu, bajo una lápida que lleva el nombre de Wölfgang Gërhard, y allí permaneció hasta su exhumación en 1985. En junio del 85, la noticia del descubrimiento de la tumba de Wölfgang Gërhard recorrió al mundo. Los restos que habían permanecido bajo tierra desde 1979 fueron exhumados. El equipo forense concluyó que eran los restos de Joseph Mengele, el nazi más buscado desde la segunda guerra. El Fiscal de Frankfurt, Fritz Bauer, aseguró que “José Mengele” a quién se suponía en Paraguay, y “Joseph Mengele” que fue médico en el campo de concentración de Auschwitz, eran la misma persona. La sangre de su hijo, permitió corroborar el ADN de los huesos hallados en Brasil. Finalmente, Mengele habia muerto.
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De la cervecería de Munich al campo de concentración
Wisenthal sostuvo que el nombre de Joseph Mengele era familiar a cuantos estuvieron en campos de concentración, “incluso si nunca pasaron por Auschwitz”. En 1944 fue él quién determinó si miles de húngaros presos en ese campo de concentración debían vivir o morir. “Odiaba especialmente a los gitanos y ordenó la muerte de miles de ellos” – relata Wisenthal en su libro “Memorias”.
Mengele, el menor de tres hermanos (Karl, Hallois y Josep), había nacido el 16 de marzo de 1911 en Günzburg, una pequeña ciudad de 12.000 habitantes ubicada a orillas del río Danubio en Baviera. Su padre, Karl Mengele, era fabricante de maquinaria agrícola y el mayor industrial de la ciudad, tanto que la mayoría de los residentes en el lugar estaban directa o indirectamente vinculados a la empresa. Aún no había cumplido 20 años cuando conoció a Adolf Hitler de quién se hizo un fanático seguidor. Era la época en que los fundadores del Tercer Reich eran apenas siete extremistas de derecha que se reunían en una cervecería de Munich. Uno de ellos era Mengele por lo que, cuando Hitler accedió al poder votado por millones de alemanes, ocupó un lugar de relevancia en las Waffen SS y prestó servicios en Francia y Rusia durante la segunda guerra.
Además de médico graduado en la Universidad de Frankfurt, Mengele había obtenido un título como doctor en filosofía de la Universidad de Munich dónde estudió especialmente a Kant y al ideólogo hitleriano Alfredo Rosemberg.
Con el apoyo de Himmler, el sanguinario jefe de la GESTAPO, fue nombrado en 1943 como doctor en jefe de Auschwitz. Allí acuñó el nombre de “ángel de la muerte”. Su aspecto físico no le provocaba satisfacción ya que tenía más tipo de gitano que de un “orgulloso ario”, con lo que soñaba y para lo que trabajó.
Mengele se hizo miembro del cuerpo de elite Waffen SS, una organización que exigía pureza racial en sus miembros, cónyuges y familiares, preferiblemente hasta la cuarta generación. Se había enamorado de Irenna Schumbaimm, de quien más tarde afirmaría: “Era hermosa y bien educada… fue el amor de mi vida”. Cuando él decidió casarse con Irenna, hubo una interrogante acerca de sus antepasados, porque uno de ellos fue hijo extramatrimonial y existían dudas acerca de sus ancestros. Por eso, debió redactar documentos afirmando que no habían rastros de impurezas raciales ni sangre judía, algo que sería un pecado imperdonable para un oficial nazi de su jerarquía, proveniente de una familia aria pura y, además, católica. Por otra parte Irenna provenía de una familia luterana, lo que hacía su situación extremadamente incómoda.
El escritor Gerald Astor en su libro “El último nazi” sostiene que Mengele siempre decía que debía hacer algo especial para, definitivamente, probar su capacidad académica. En tanto que Julius Disbach, un ex compañero de clases, lo definió como “un estudiante brillante y extraordinariamente ambicioso. Siempre intentaba hacer algo fuera de lo común, para ser un gran científico”. Otras personas que lo conocieron dijeron que “era muy agresivo y fanático patriota”.
Por su parte el investigador Enrique Solís sostuvo que “por entonces la medicina y la música florecían y Berlín era considerada una de las ciudades más refinadas, incluso más que París. Nuevos conceptos sobre la evolución de la raza humana se discutían. Las teorías de Darwin eran contrastadas con los nuevos descubrimientos y una nueva ciencia causaba revuelo: era la Eugenia o Eugenesia, el estudio de los cruces genéticos”.
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“Yo conocí a Mengele en Auschwitz”
Ana Benkel de Vinocurt vive en Uruguay y es la Secretaria General del Centro Recordatorio del Holocausto. También ella sobrevivió a Auschwitz, dónde varias veces tuvo a Mengele frente a frente. No sin cierto orgullo es capaz de relatar como logró “engañar” más de una vez al médico, incluso en una oportunidad “para salvar la vida de mi madre”, según dijo a LA REPUBLICA. “Tengo muchos años – asegura con una sonrisa – porque festejo dos veces mi cumpleaños: el día que nací de 1926 y el 3 de mayo de 1945 cuando terminó la guerra. Soy de Lödz, segunda ciudad de Polonia. Ahí permanecí encerrada en un guetto durante cuatro años y medio. Después que mataron a casi toda mi familia, junto con mi madre fuimos detenidas y enviadas a Auschwitz. Allí estuvimos varios meses, no sé cuanto tiempo, y vi en varias oportunidades a Mengele, un hombre muy elegante, que no tenía pinta de ogro. Siempre usaba una larga bata blanca y caminaba muy elegantemente mientras se apoyaba en un bastón”. Benkel recuerda que los nazis contaban a los prisioneros todos los días. “Entonces aparecía Mengele y decía…hoy vamos a jugar de a cinco…y empezaba a contar…uno, dos, tres, cuatro y a la quinta se le llevaban. Cuando llegaban los soldados alemanes, heridos en el frente de batalla, usaban la carne de esas chiquilinas para hacerle injertos. Mi madre estaba muy mal, muy demacrada, sufríamos mucho. Habíamos perdido a toda la familia y en ese campo corría mucha sangre; todos los días veíamos fusilar o ahorcar a mucha gente y además estaban esos hornos”. Recuerda que un día apareció Mengele y les dijo que las iban a trasladar. Pero yo, que tendría entonces unos 16 años le dije a mi mamá que nos iban a sacar de la barraca 26 para matarnos. Entonces empezamos a caminar por el patio, por suerte yo había tirado unos suecos de madera que nos daban y estaba descalza. En eso, se me pegó en el pie una cascarita de remolacha. Yo intuí un milagro de Dios porque con esa cascarita iba poder pintarle la cara a mi mamá para que no se viera tan mal y terminaran matándola. Y así fue, se salvó porque su cara estaba llena de color”. Los recuerdos y el relato surgen fluidos. No hay odio en la voz de esa amable mujer, pero al final de la charla dice con mucha seguridad: “Dios no quiso que me fuera al otro mundo, quiso ser bueno conmigo para dejar algún testigo. Siempre pienso que yo soy como una pequeña astilla que se desparrama cuando se corta un árbol. Estoy en éste mundo para pinchar”.
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