Los días de Mengele en Nueva Helvecia.
Detrás de su orgullosa pureza migratoria, la ciudad de Nueva Helvecia esconde una historia que generó heridas durante la segunda guerra mundial y que los mayoritarios descendientes del pueblo alemán aún hoy luchan por cerrar. “de eso no se habla” es lo primero que escuchó este cronista cuando preguntó por el médico Nazi Joseph Mengele “vino a casarse y se fue” fue lo segundo que aseguró un quiosquero mientras bajaba la vista y seguía ordenando boletas del 5 de Oro.
Si bien hoy la colonia suiza de Nueva Helvecia mantiene el espíritu amigable y receptivo de los primeros colonos que llegaron en 1861, la campaña de Hitler en Alemania que desembocó en la Segunda Guerra Mundial y en el mayor exterminio de seres humanos que recuerde la historia del hombre, contó en Nueva Helvecia con muchos seguidores “acá la mayoría eran nazis” cuentan a este corresponsal diversos criollos consultados. Esas mismas fuentes contaron tres anécdotas que pintan la sociedad conflictiva que vivió Nueva Helvecia durante el nazismo. Afirma la tradición oral de los helvéticos que debajo del Monumento de los Fundadores, una enorme obra de bronce llamada El Surco y que fuera inaugurada el 24 de mayo de 1944, se encuentra bien preservada bajo tierra una enorme bandera nazi, según dicen, “para cuando vuelva el Fhürer”. Esa rica tradición helvética que se refleja en las costumbres, la comida, los trajes típicos y la música cuenta también que una bandera nazi era izada cada día en un conocido centro social del centro de la ciudad, cuando Hitler invadía victorioso los países vecinos. En otro club, esta vez deportivo, cuentan que en aquella época echaron a uno de los integrantes de la comisión directiva porque era el único que no profesaba ideas nazistas “ése fue un club nazi y todo el mundo lo sabía” afirman quienes aseguran recordar una oscura etapa del Club Artesanos, de la que hoy no quedan vestigios.
Cierto o no es seguro que estos relatos forman hoy parte de un pasado colectivo que los pobladores helvéticos prefieren olvidar.
Real es sin embargo, que Mengele no llegó a Nueva Helvecia por casualidad. El vino a esta ciudad del departamento de Colonia porque se sentía seguro para oficializar en los papeles la relación con Marta María Will. En Nueva Helvecia encontró amigos que lo ayudaron a conseguir la documentación que presentaría el día de su boda y que le dieron protección y anonimato durante su permanencia en la ciudad. Sin descontar, vale aclarar, la rápida colaboración del gobierno uruguayo a través de los representantes diplomáticos de la época.
Arriba del Juzgado de Paz en dónde se casó Mengele, un edificio de dos plantas con paredes de ladrillo a la vista, tenía sus oficinas la prestigiosa firma de abogados Himoff y Germán, descendiente el primero del primer médico de la colonia suiza y joven abogado el segundo, nacido en Colonia. Según recuerdan los testigos consultados en Nueva Helvecia, Himoff y Germán vivían en Montevideo “pero venían a atender dos veces por semana”. Himoff y Germán aprontaron todos los documentos, que fueron traducidos por el Traductor Público Pedro Hallen, de la firma traductora Sugar, según atestiguan los sellos de la documentación en poder de LA REPUBLICA “Himoff nos avisó que Mengele vendría a anotarse” confirmó a este medio la ex funcionaria judicial Ilse Bernatsky. En el microclima de una ciudad en la que todos se conocían, la relación entre el estudio jurídico y el juzgado en la planta baja era muy estrecha. En una habitación pequeña del fondo del juzgado vivía el juez Pedro Izaselaya, un ex sacerdote devenido a magistrado, el cual finalmente casó a Mengele y a María Marta Will “todo esto agilizó sin duda el trámite” aseguran. Como prueba de esta estrecha relación, el abogado Juan Carlos Germán, socio de Himoff en el estudio jurídico junto a su esposa Lidia Florio de Germán a quién trajo desde Montevideo, fueron testigos de la boda de Mengele y todos dieron fe del domicilio del médico nazi en esa ciudad, según asegura el acta de casamiento del 25 de julio de 1958 a las 17 horas.
Otro dato interesante: los edictos de matrimonio de Joseph Mengele y Marta María Will no fueron publicados en la prensa local hasta 5 días después de que efectivamente se realizó el casamiento. Contraviniendo la normativa legal que estipula la publicación del edicto en un periódico local 8 días hábiles antes de la boda, el edicto previo fue publicado el 30 de julio de 1958. La ex funcionaria Ilse Bernatsky asegura que los edictos no fueron publicados “sólo se colgaron afuera, en la puerta del juzgado” según recuerda. El casamiento fue meteórico ya que Mengele se presentó un 17 de julio en el juzgado y 8 días después se efectivizaba el mismo.
Quienes aseguran en Nueva Helvecia que Mengele estuvo allí viviendo, indican que se alojó en un viejo edificio lindero al colegio alemán Mater Admirabilis, en las calles Colón y Luis Alberto de Herrera, que años más tarde desapareció cuando el colegio fue ampliado “en aquel momento las monjas más viejas lo protegieron, incluso operó a una de ellas por un problema que tenía en una mano” aseguran testigos de la época. Esos mismos testigos, que supieron varios años después que el médico Joseph Mengele era en realidad un asesino nazi, no recuerdan haberlo visto personalmente pero aseguran que “en esa época el grupo de alemanes era muy cerrado, entre ellos se comunicaban y protegían. No sería raro que en el tiempo que estuvo acá nadie haya tenido contacto con él, y que muy pocos supieran quién era en realidad” afirman quienes señalan importantes empresarios de la zona vinculados a la protección de Mengele durante su periplo matrimonial. Seguramente porque Mengele creía necesario vivir en una gran ciudad para mantener su anonimato, volvió con su flamante esposa a Argentina, dónde fue detectado por el Comité Internacional de Auschwitz, en diciembre de 1959, residiendo en el 968 de Olivos.
Mengele pasó por Nueva Helvecia como un fantasma y como eso se fue. Algunos en esa ciudad, respiraron aliviados.
FIN.




